Las vertiginosas oscilaciones del mercado que han acompañado a la pandemia en el primer semestre de 2020 desataron el miedo entre muchos inversores. No hay duda de que el retroceso bursátil y la acusada inestabilidad han puesto a prueba incluso a los más experimentados. El año aún no ha terminado y es imposible saber qué más nos deparará. Sin embargo, analizar con más detalle la volatilidad del mercado, esto es, su significado, las sorprendentes ganancias que podría producir y cómo lidiar con ella, puede servirle para capear las tormentas bursátiles y mantener la disciplina en tiempos convulsos sin desviarse del camino trazado hacia sus objetivos financieros a largo plazo.

¿Qué es la volatilidad del mercado?

Suele definirse como la variación del precio de un activo en torno a su valor medio. Puede referirse a un índice bursátil general o a un solo título. Sirva para este último caso el siguiente ejemplo:

  • La cotización de la acción A pasó de 100 a 150 dólares en un año, durante el cual jamás subió ni bajó más de un dólar en una sesión.
  • La cotización de la acción B también subió de 100 a 150 dólares en un año, si bien experimentó muchas fluctuaciones diarias de cinco dólares o más.

Según lo visto, la acción B sería más volátil que la A. Ambas cerraron el periodo de tenencia con la misma revalorización, pero psicológicamente pudo ser más difícil retener la acción B por la inestabilidad de su precio.

Ciertas inversiones presentan una elevada volatilidad, pero a cambio ofrecen mayores rendimientos. Otras, con todo, también oscilan con mucha frecuencia y su rentabilidad defrauda las expectativas. Por más útil que sea comprender las características de la volatilidad de las diferentes inversiones, para diseñar una estrategia global de gestión de una cartera de inversión, juzgamos esencial no limitarse al estudio de este parámetro.

La volatilidad per se no es necesariamente un dato revelador, no le dirá en qué fase del ciclo estamos ni cómo se moverán las cotizaciones a continuación. Del hecho de que recientemente haya sido intensa no se desprende que seguirá así más adelante: es un error cognitivo habitual conocido como sesgo de la inmediatez que nos lleva a extrapolar las circunstancias actuales hacia el futuro. Por ejemplo, el comienzo de un mercado alcista –periodo prolongado en que los precios de las acciones tienden a subir– suele caracterizarse, fruto de que los inversores siguen recuperándose del anterior mercado bajista, por una intensa volatilidad, la cual no debería evitar que siga invertido para alcanzar sus objetivos financieros a largo plazo. De hecho, pese a las vacilaciones con que comienzan los mercados alcistas, en esos primeros compases históricamente se han alcanzado importantes revalorizaciones, algo similar a lo que estamos experimentando en el actual rebote del mercado.

La volatilidad puede tener efectos positivos

En tanto que desviación respecto a una media, la volatilidad puede ser tanto positiva como negativa. Pensemos en una acción cuya cotización no suele variar más de un 1% en cualquier dirección. Si de repente protagoniza alzas del 2% en algunas sesiones, sería una buena noticia para los inversores ¿verdad? Aunque estos resultados siempre son bienvenidos, no dejan de ser un ejemplo de incremento de la volatilidad. Para algunos inversores la inestabilidad nunca es deseable, pero recuerde que esos repuntes que muchos celebran son volatilidad en estado puro.

La realidad es que la volatilidad es el precio que se paga para cosechar las mayores rentabilidades a largo plazo que ofrecen las acciones. Por ejemplo, reservar dinero para activos más estables como el efectivo puede mitigar su ansiedad, pero en un horizonte temporal de inversión largo, ¿qué rentabilidad puede esperar si lo compara con bonos o acciones? Por interesantes que parezcan los valores más seguros desde un punto de vista psicológico, seguramente usted requiere mayor crecimiento a largo plazo para alcanzar sus objetivos. Por tanto, tal vez le convenga cambiar de mentalidad y dominar sus reacciones emocionales frente a las turbulencias del mercado a fin de aprovechar las ventajas a la larga de la volatilidad.

Por último, la volatilidad es una propiedad completamente normal incluso durante los mercados alcistas más sólidos. Las correcciones bursátiles –caídas cortas y agudas de entre el 10% y el 20%– tienen lugar con asiduidad y son imposibles de prever, y a menudo las desencadenan miedos infundados, no los indicadores económicos fundamentales. Si desea aprovechar las superiores rentabilidades que se generan durante los mercados alcistas es probable que deba aprender a tolerar la volatilidad.

Cómo resistir a la volatilidad del mercado

Pese a lo complicado de sobrellevar una inestabilidad como la de 2020, es crucial que los inversores se atengan a sus necesidades financieras a largo plazo antes de tomar cualquier decisión que afecte a su cartera de inversión. Lo más probable es que sus objetivos a largo plazo –disfrutar de una cómoda jubilación, viajar, retomar una antigua afición o cultivar otras nuevas– no hayan cambiado mucho desde el inicio del año. Si, antes de que se generalizara la volatilidad en los mercados en 2020, para alcanzar dichos objetivos sus activos debían crecer hasta cierto punto, seguramente todavía requiera esa misma revalorización en el futuro. A la hora de invertir, obrar con impulsividad atendiendo a los bandazos del mercado puede desbaratar su plan a largo plazo.

Aparte de permanecer enfocado hacia el futuro lejano, es primordial que no mezcle las emociones con las decisiones de inversión. La perspectiva de perder dinero produce zozobra y puede ser perturbadora. Invertir no siempre es una tarea intuitiva, el corazón traiciona. Comprender sus sesgos cognitivos y las reacciones emocionales que experimenta podría ayudarle a evitar los errores típicos de la inversión. Aunque es cierto que el año 2020 no conoce precedentes en muchos sentidos, pensamos que la historia demostrará que este mercado bajista acabará siendo similar a otras grandes caídas en medio de un periodo prolongado de subidas.

Controlar las emociones y mantener la objetividad no es una tarea fácil. De hecho, incluso los inversores más experimentados no son capaces siempre de dominar sus perspectivas, sus temores y sus inclinaciones a corto plazo. Contar con un asesor financiero de confianza puede serle de ayuda, no solo para encontrar los valores adecuados que le permitirán alcanzar sus objetivos a largo plazo, sino también para apoyarle y guiarle a través de las etapas de inestabilidad cuando esta sacude fuerte.

Conclusión

Este año está siendo complicado. La pandemia del coronavirus es una tragedia a escala planetaria que ha pesado en la situación económica, física y mental de muchas personas. Por lo que respecta al ámbito financiero a largo plazo, puede ser contraproducente tomar decisiones de inversión en base solo a la volatilidad sufrida en 2020. Cuando se enfrente a ella, ya sea hoy o en el futuro, no olvide que las oscilaciones bruscas del mercado son normales y representan el precio que ha de pagar para conseguir sus ambiciosos objetivos financieros a largo plazo.

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Post tomado de www.investing.com
Escrito por Fisher.